Adaptarse al Momento | Lavastida

“…“…Una de las señales del subdesarrollo, es la incapacidad para relacionar las cosas, para acumular experiencia y desarrollarse. Todo el talento del cubano se gasta en adaptarse al momento, la gente no es consistente y siempre necesitan que alguien piense por ellos…”
Sergio.

Personaje central de Memorias del Subdesarrollo (Cuba 1968), interpretado por Sergio Corrieri.

Existe un proyecto emancipador en las artes plásticas cubanas?

En una conversación con los artistas Luís Gomes ArmenterosJosé Ángel Toirac, (Catalogados como de La Generación de los 80s), comentábamos que; [éste tiempo, -el de la primera década del siglo XXI-, debería de ser sin las deformidades de su tiempo, que éste, nuestro tiempo, era la era de los irresponsables], para hacer lo que nos diera la gana sin escondernos tras el velo amparador del cinismo. Un gesto practicado por toda la celebre ochentosa generación. Una prole alterada por condiciones distintivas del cubano nacido después de 1959, -que pudiéramos llamar: patología-. La tristemente generalizada, doble moral. Un síntoma, un atributo devenido de la censura y el dogmatismo, inaugurado con el caso de los intelectuales (abril 1961), más tarde en la notoria reunión con artistas e intelectuales en la Biblioteca Nacional, que culminó con la antológica arenga, que sobrevino en columna vertebral de la política cultural cubana.

Hoy no existen indicios de intentar cambiar éste precedente, pues el horizonte cultural continúa como a principios de 1960, cuando se reunían grupos de funcionarios furibundos a ejercer la censura. La película PM, pudiera ser un ejemplo memorable.

La Habana sigue igual o peor. Lo que ha persistido es la mima estrategia de “estira y recoge”, tolerando o entorpeciendo la proximidad al borde de lo permisible. Hoy las tácticas son innumerables, la censura se aplica a través de nuevos estímulos -todos relacionados con el mundo material del consumismo capitalista- como: las exhibiciones, viajes fuera del país, patrocinios de catalogo, cócteles u otras subvenciones o privilegios institucionales, incluyendo facilidades para las transacciones financieras.

Los mismos artistas o críticos de arte, metamorfoseados en tímidos agentes de la Seguridad del Estado, te hacen suspicaces visitas en tu propia casa, para indagar o persuadir. Ellos son los responsables de que la plástica carezca de sentido crítico, son los que determinan las reglas del juego. No es que no quieran que se ejerza la crítica, es que se creen con el único derecho de ejercerla. Solo hay que evaluar las recientes reuniones en el Centro Cultural Criterios o en el Instituto Superior de Arte, que más que simples conferencias parecen anecdotarios, al estilo de las charlas impartidas por Carlos Aldana. Donde se habla de Glasnost y Perestroika, en vez de: Descaro, Arribismo, Corrupción y Oportunismo. Hoy, los estudiantes de las escuelas de La Habana, citarían esos nuevos términos como: “Talla Fula” (mala leche), expresión que usan cada vez que asoman la cabeza y se las quieren cortar.

La depurada autocensura es la voz de mando en la plástica nacional, el que no se pliega a la línea institucional recibe a cambio indiferencia que sobreviene en ostracismo, llamado irónicamente in-xilio o el verdadero exilio -como escape.

Para hablar de un proyecto emancipador concreto, habría que primero situarse en los tiempos que se están viviendo, donde una serie de voces se han levantado desde el formato digital y han venido a suplir el foro crítico, la resistencia, que en una vez ocuparon las artes plásticas. Blogueros y algunos músicos han encontrado la vía para circular su obra independientemente, cosa que no sucede con los artistas plásticos que se hallan sujetos al paternalismo, dependientes del Ministerio de Cultura, o el Consejo Nacional de las Artes Plásticas.

Todos o casi todos los artistas plásticos provienen de escuelas de arte o dependen de instituciones oficiales como, la Asociación Hermanos Saiz, UNEAC, etc. Los que no, unos pocos, hacen lo posible por engancharse en el carril de la subvención estatal, algunos inconformes no afiliados, podrían llamarse inconformes de forma y no de contenidos (referente al contenido de la obra), son depurados o están en camino a la depuración. Como una serie de condiscípulos -para llamarlos de alguna manera-, se dejan vencer por los cantos de serenas de las instituciones y sus prebendas. Como sucedió en los 80s, también en los 90s y al parecer, en ésta nueva década siga igual mientras existan las condiciones que sustenten a esa autocracia narcisista.

Aunque la respuesta sigue estando ahí en esa sociedad subdesarrollada, donde todavía quedan por definirse muchas condiciones ya superadas en muchas sociedades. Pudiéramos llamarle retaguardia, en vez de vanguardia, pues hoy el artista espera a que otro se desguacen frente ante las balas de la intimidación y el ostracismo. Ya sea creador, o disidente político, el oportunismo se ha vuelto la estrategia del arribismo. Sobrevivir, sobrevivir, escapar.

[…hasta cuando vas a estar contra el muro, contra el muro algún día vas a tener que comer con esa obra a donde único vas a ir a parar es a Miami, creo que no se puede ser es tan ingenuo…], me cuestionaba José Ángel Toirac en una conversación con algunos colegas del ISA en 2005. Sin encontrar la razón para explicar en qué mundo quería que viviéramos. En todo caso, lo que se le puede acotar es que esa época de antagonismo se acabó, el rol del artista era reflejar la realidad a manera de un nuevo realismo crítico y no de cinismo crítico.

Durante un performance que hice en el ISA, el artista Rene Francisco sonrió cuando le explique la razón del brazalete negro que usaba en la obra, en honor a Pedro Luís Boitel, (disidente político muerto en huelga de hambre en 1972); la risa fue su evasiva respuesta, la manera de gesticular al darse un trago de ron, personificaba las palabras de Jorge Mañach, en su conocido ensayo Indagaciones del Choteo. “Si la mediocridad es tolerada en Cuba, es porque la intolerancia supone una autoridad.”

En este sentido resulta interesante que el arte todavía sigue siendo «un arma de lucha», «un arma contra la penetración», esos mismos estatutos todavía perviven en el panorama nacional, aunque dichos términos se han desdibujado, pero la estructura se mantiene, el arte necesariamente sigue siendo esa herramienta  de lucha porque sigue estando al servicio del estado y no del individuo.

En la Constitución de la República de Cuba [1976] se dice que:

«Se reconoce a los ciudadanos la libertad de palabra y prensa conforme a los fines de la sociedad socialista. Las condiciones materiales para su ejercicio están dadas por el hecho de que la prensa, la radio, la televisión, el cine y otros medios de difusión masiva son de propiedad estatal o social y no pueden ser objeto, en ningún caso, de propiedad privada, lo que asegura su uso al servicio exclusivo del pueblo trabajador y del interés de la sociedad».

Así como el artículo 39:

«Es libre la creación artística siempre que su contenido no sea contrario a la Revolución. Las formas de expresión del arte son libres».

Más adelante en el artículo 62:

«ninguna de las libertades reconocidas a los ciudadanos puede ser ejercida contra lo establecido en la Constitución y las leyes, ni contra la existencia y fines del Estado socialista, ni contra la decisión del pueblo cubano de construir el socialismo y el comunismo. La infracción de este principio es punible».

Es decir, hay fines para determinadas libertades porque hay también otros intereses que no son los del pueblo. Se tendría que entender que las libertades siempre están precedidas por sus fines, fines que tienen bien definidos al arte y sus aristas; “Dentro de la revolución todo, contra la revolución nada”. Quien puede negarle el derecho de existir a la revolución? Estos son los términos que todavía aplican los intelectuales en las reuniones de la U.N.E.A.C., aunque el ambiente este caldeado por algún explote o destape, siempre se recurre la misma letanía.

El problema fundamental es que muchos críticos y artistas no quieren reconocer los límites o la inexistencia de la libertad de expresión en Cuba.

Existen muchas Cubas, dentro y fuera, pero, al parecer la voluntad de los agentes culturales oficialistas es promover una versión al estilo de la Radio y la Televisión oficial, provinciana y estéril. Recientemente ha surgido un grupo de actores devenidos en artistas visuales como, Jorge Perugurria, Alberto Pujol ,etc. y artistas visuales devenidos en diputados de la Asamblea Nacional como, Kcho, Nelson Domínguez, etc., que para nada responden a los intereses de la cultura.

Otros artistas en términos previamente arreglados con el poder se han establecido fuera de la isla, al tiempo que mantienen estrechas conexiones que les permitan seguir exhibiendo en la Bienal de La Habana y representar a Cuba en eventos internacionales, acomodados en su exotismo político se declaran ‘abanderados de la plástica cubana’, aprovechándose del aura folclórica que se tiene de la isla. Como verdaderos magnates, se dan la mano y la lengua, -como diría Gorki Águila-, con el ministro de la cultura Abel Prieto y su vasallo Rubén del Valle. Esos individuos bien se les puede llamar: Los Hijos de Carmen Miranda, quienes en su oportunismo lo mismo expresan versiones negativas del régimen que representan en foros internacionales -como en la pasada Art Basel Miami Beach 2010- y en su regreso a La Habana, posan para fotos y toman cerveza junto a funcionarios autócratas. Los mismos burócratas que le prohíben la  entrada o no dejan salir a otros artistas menos afortunados o que optaron por caminos diferentes.

Lo curioso es que al parecer, el modelo de la plástica oficialista ha triunfado, la imagen que proyectan al resto del mundo se ha convertido en una extraña miscelánea que se dice y se contradice al estilo de la más consecuente doble moral.

En la actualidad, nadie se atreve a desafiar la voz imperativa del régimen, -al menos individualmente-, aproximadamente desde 2007 se han incrementado modestamente los espacios no gubernamentales que promueven proyectos alternativos a la corriente estatal, como Xoho, Fanguito Estudio, en el barrio marginal del El Fanguito. Espacios improvisados en casas particulares de artistas como la de, Ítalo o Alejandro Ulloa o el notorio Espacio Aglutinador fundado por Ezequiel Suárez y Sandra Ceballos, quien actualmente dirige sus objetivos a no criticar directamente o desafiar los estamentos del estado, sino más bien levantar su voz independiente y el derecho inalienable de construir espacios diferentes al monopolio institucional. Desafiando al Consejo Nacional de las Artes Plásticas y a los Ministerios de Cultura y el Interior, intimidados con el rumor de una Revolución de Los Artistas.

Ante todo este panorama, la juventud egresada de San Alejandro y el ISA, tampoco tiene una vocación emancipadora ni conciencia sobre sus limitaciones cívicas, sus utopías se basan en las mismas utopías de todos los jóvenes cubanos, consumir, el verbo transfigurado en utopía. La esperanza de tener Internet, laptop, automóvil, apartamento o una novia extranjera con quien contraer nupcias para poder salir del país.

La vocación por un nuevo proyecto de nación ha muerto, los corruptos de ayer fueron sustituidos hoy, por otros no menos corruptos.

Hamlet Lavastida
Big-E Studio; Little Haití, Miami, Florida, enero 2011.