
Al tiempo que el pretérito Campo Socialista se disipaba, disminuía el subsidio que -a través del CAME-, recibían regularmente los holguineros que administran la isla de Cuba. Y como en todas las demás esferas, artistas e instituciones culturales cubanas también descubrieron un filón en los hábitos financieros del enemigo para poder rebasar la crisis y comenzaron a jugar al liberalismo. Así fueron olvidando el espíritu romántico -quizás revolucionario-, que en una época conmovió el ambiente cultural mas allá de las barreras de la isla.
Lo irónico es que el simulacro tuviera lugar en una sociedad centralizada, con décadas desaprobando el capitalismo o el enriquecimiento ilícito para usar terminología local-, experiencias, que en definitiva, no son mas que una noción de la entidad privada. Sin embargo a mediados de los años noventas cuando ya algunos de los artistas oficiales empezaban a ser tomados en cuenta por la opinión internacional y atraían a una considerable legión de seguidores, fueron captados por las instituciones locales que cautelosamente comenzaron a promover la cultura con una visión mas especulativa, justo a tiempo de la acelerada crisis económica o periodo especial, por la que atravesaba el país.
Se le consintieron privilegios sin precedentes a los artistas mas ventajosos, como permanecer en una especie de zona de tolerancia, mimetizando un estándar de vida e interacción mas independientes, dádivas como el codiciado PRE, un permiso permanente para entrar y salir del país o la opción legal de un relativo enriquecimiento monetario a trabes de los negocios derivados de las plataformas culturales institucionales, como la mítica Bienal de La Habana. Los artistas e intelectuales que se dejaron apadrinar y aceptaron trabajar bajo las normas, subieron como la espuma, sin olvidar una condición muy importante: conceder al poder una parte importante sino la integridad-, de las ganancias en moneda dura (dolares, euros, etc.), que una vez convertirdas en bonos estatales (C.U.C.), a fuerzas debían ser dilapidados en la isla, una manera de demostrar su residencia en la isla, al estilo de una especie de “taxes informales”. Otro buen negocio del holguinero!
No vemos mal que los artistas experimenten el capitalismo, pero, como en todas partes allí también el dinero ejerce una preponderancia insuperable, conduciéndolos a nuevos entorpecimientos en el curso del proceso de enriquecimiento. Y a nuestro juicio, ésta escalada financiera ha sido el fundamento del reciente cambio de trayectoria del arte cubano. El colectivismo de ética rectificadora y los compromisos de ideas conceptuales o sociales, pasaron a ser temas obsoletos despectivamente llamados ochentosos, ni siquiera el tópico “tercermundista latinoamericano” es atractivo; los intereses están concentrados en los “estilos” de moda del mainstream internacional. En ese punto especifico, es un progreso; pues, ya se van pareciendo mas ‘artistas’, y menos a artistas cubanos.
En éste ámbito de contradicciones se perfiló la nueva entelequia, que no solo demostró su ingenio en la producción artística sino en una sutil magia del ser o no ser, relativo al desplazamiento geopolítico de su contexto. Dentro de la isla, dóciles creadores, afuera, activistas de crítica irreverente. Un factor que quizás por su intrincada estructura, escapa del razonamiento de muchos interesados en el trillado tema del arte regional, o simplemente, se pasa por alto la realidad de un cambio que sucedió en las narices de todos. Incluso de los que aún insistimos que lo estamos esperando.
El artista cubano aprendió a personificarse en una suerte de performance-disidente, cuando despliega su producción al desorientado forastero que busca el exótico candor de aroma revolucionario en el souvenir político. Como contra-parte, el mismo creador tiene la opción de reivindicarse en astuto activista social y coexistir intramuros con la institución nacional haciéndole el juego a la burocracia. Ser o no ser un artista representativo, implica hábitos específicos que se traducen en la resbalosa autocensura y sobre todo, en la conducta social, para no tocar el etéreo tema de los presupuestos artísticos.
Cuba ha cambiado mucho. Al menos en su plataforma económica, hay ricos y pobres, el consumismo ha alcanzado estándares aceptables para una nación caribeña, además, el cubano asimiló súbitamente el nuevo paisaje, dedicándose a resolver, sin prestarle mucha atención a las torturas ideológicas que en el pasado rebosaban la realidad con un lenguaje grabe y florido, como el hoy anacrónico termino de compañero, por ejemplo. No hay discursos, no hay guardias en los C.D.R., ni trabajos voluntarios, ni comandante, ni jefe alguno. Las famosas vitrinas socialistas, de la salud y educación gratuitas, se desmoronan en postas de emergencia que funcionan gracias a la ética de los profesionales que a consciencia hacen lo que pueden o en escuelas súper pobladas con improvisados maestros adolescentes. Solo una cosa permanece inconmovible, el poder marcial que vigila al ciudadano impropio y los intereses de la familia holguinera.
Los artistas tomaron ventaja de todo el desmoronamiento, hoy la cultura nacional se ha beneficiado de un auge desplegado en la mas fría calma, que en nada tiene que ver con el frenesí de un Boom de Arte Cubano. La clase de los artífices supo llegar a ser eficientes burgueses o nuevo ricos, primero que los militares – algo admirable! -, desarrollando potentes networks de negocios en el extranjero que en algunos casos llegan a tener notables influencias.
Como respuesta a la inminente realidad, se escuchan los rumores de una tropa de artistas nihilistas inconformes, sin C.U.C., que ni siquiera hablan de Post-castrismo y se han tomado la misión de detonar el próximo resurgir del arte cubano o de lo que sea. Sera La Revolución de los Artistas?
Habrá que esperar otro ciclo, sin campo socialista, ni periodo especial, ni C.U.C.s, para que -como todas-, ésta juventud se corrompa. Esperemos, que en esa ocasión no se dejen timar con otra moneda inventada.
Teniente Reutilio Almenabar
Hotel Nacional (Suite presidencial)
La Habana, Junio 2009.