Tenía mas de seis semanas buscando las imágenes que sobrevivieron aquel incendio que arruinó tres cuartas partes del material fílmico del archivo de la ciudad de Ámsterdam en 1898. Se habían destruido cientos de esplendidos panoramas de la arquitectura e incluso imágenes del proceso de construcción de obras de ingeniería. Fotos hechas cronológicamente al tiempo que los franceses, quienes por esos tiempos ya comenzaban a usar el medio como documentación por encargo protocolar, incluso Eduard Baldus, uno de los pioneros, hizo varios ensayos comisionados por la reina. Sus imágenes de la restauración de una de las salas del Louvre me recuerdan a muchas que he estuve observando en esos últimos términos.
Alguno que otro tema bucólico matizaba los remanentes de la trágica historia, como aquellas jóvenes bañistas, ataviadas de curiosas vestimentas de la época, que me disgregaban. Dedique cuidado enfocando las lupas electrónicas, digitalizando imágenes y luego reconstruyéndolas de entre las burbujas que dibujaban las partes quemadas de la fina película de nitrato de plata. Solo para observar los rígidos pezones que marcaban los incómodos trajes mojados de aquellas cándidas neerlandesas.
Fue particularmente interesante descubrir las imágenes del tren monorraíl que sorteaba las estrechas avenidas y canales desde lo alto, coincidiendo en ocasiones con el apacible trafico fluvial, de ida y vuelta. Detallaba cuadro a cuadro para poder identificar la nomenclatura de los vagones, descubriendo los curiosos movimientos de las cabecitas de los pasajeros asomándose mientras disfrutaban el lujo de ese paseo cotidiano, con suerte pude distinguir algunas expresiones de los rostros entre el difumino del grano de la película. Una gran recompensa.
Aquella obra pública bien pudiera compararse con otros proyectos visionarios catalogados de estilo futurista, como de hecho lo fueron. Me ha costado entender como aquel sofisticado sistema que funcionaba perfectamente se desarticulara para siempre? Esas perfectas estructuras nada tenían que envidiarle a los similares sobrevivientes elevados del subway de Chicago o New York. En el curso de mis investigaciones, esquivando la discreción de las autoridades Holandesas, que al parecer algo escondían, encontré ciertos rasgos de torpeza en la administración del sistema de transporte publico citadino de la época. Algo relacionado con corrupción burocrática y absurdas decisiones administrativas que terminaron por implantar un rudimentario sistema de autobuses articulados para reemplazar el eficiente monorraíl. Elementos que me recordaron períodos pavorosos de algún estado periférico.
La curiosidad por descubrir los detalles de aquel proceso de transformación del sistema de trasporte de la anfibia metrópoli era tal que pasaba la hora de almuerzo sin que me diera cuenta. Las tripas empezaban a crujir como tren en plena curva, avisándome el momento de regresar al Café Sappho, mi favorito. Teniendo en cuenta el poco tiempo que lo visitaba ya tenía a las camareras mansitas, todas eran coreanas, me presentaban a sus amigas y a los clientes locales que recogían sawiches y sopitas to go, era un pequeño nido de gente muy heterogénea, gays-lesvians en su mayoría, que terminaron siendo afectuosamente atentos conmigo. Era un sitio de trafico muy variado, música, literatura, con una singular influencia punk y la variedad cosmopolita típica de aquel pueblo. Si le llamo pueblo a Ámsterdam, es un remedo que guardo de mi amigo Jorge quien dijo una frase luego de aterrizar en Dusseldorf en uno de nuestros viajes de trabajo, – esta vez no me quiero quedar todo el tiempo aquí, quiero salir conocer otros pueblos como, Berlín, Hamburgo…– Nunca me explique si es su espontánea ignorancia o manía de grandeza, que lo hace identificar al mundo un tanto mas modesto que su natal Cabayguan.
Mi torta de chocolate para el final ya se hacia costumbre y un café capuchino precedía la fumarola, seguido de la conversación, la sobremesa era un descanso apacible antes de emprender la noche licenciosa. Ese día, en la mesa de la entrada había un tipo de hosca mirada y ahora razonando, me doy cuenta que lo intuí todo desde el primer momento, pero, me resistí a aceptar que reapareciera la morralla en ese territorio. Ese día, el hombre de la huraña mirada se acercó a confirmar mi aprensión y me dijo efusivamente, –Oye, tu eres cubano?– Acompañado de un indiscreto aspaviento mientras abría sus ojos, señalando el joint de cosecha jamaiquina que me estaba preparando como parte del ritual, mientras degustaba la colada italiana como preámbulo al placer pirómano. Sin poder ocultar la sensación de frío que recorría mi cerebelo, me estremecí cautelosamente, quedé callado por unos segundos pensando en responderle en con mi perfecto acento de mexicano chilango y tartamudeando respondí. –Bueno , si, heee, nací en Cuba, pero vivo en Barcelona hace 35 años, en realidad soy de nacionalidad Europea.–. –No importa, tu eres el único que puedes ayudarme.– Respondió el desconocido. –Como? Disculpa, espera, es que – Miré el reloj para distraer la atención del tipo, mientras me levantaba de la mesa con intenciones de pagar la cuenta. La mirada de aquel individuo me mortificaba, no entendía que había detrás de su nerviosa inseguridad? Yo no estaba preparado para aquel trauma situacionista. Rezaba para mis adentros, – no me jodas la nota carbón, no me jodas la nota – Para rematar, aquel jenízaro sujetaba mi antebrazo mirándome fijamente y decía, –Necesitamos hablar urgente, aquí o en cualquier otro lugar.– Efectivamente! Estaba una vez mas atrapado en El Pantano. Que habré hecho para merecer esto, cuantas veces tendré que hacerme la misma pregunta? Desde ese instante me di cuenta que esa apacible tarde estaba arruinada. Separé su mano de mi brazo, insinué el rictus en mi rostro y le sugerí con un gesto movernos hacia otro lugar.
Entré en el primer café que descubrí en la misma cuadra del Sappho seguido por aquel ciudadano, solo quería tomarme un par de cervezas belgas endemoniadas que me dejaran sin neuronas y enajenarme de aquel suceso. En silencio nos sentamos en una mesita, sin mirarle el rostro después del primer trago respire profundo y relajadamente le dije, –A ver dime, de que se trata?–
Y se soltó a hablar con el grabe lenguaje de frases floridas. –Yo soy cubano al igual que tu, pero, como es lógico todavía no puedo exponerme a otra cosa que no sea comenzar un trato equivalente a toda la importancia que pueda generar la información que tengo conmigo. Te he buscado por las razones siguientes – En ese instante yo no sabia si reír o llorar, mi rostro imperturbable no reaccionaba a lo que estaba escuchando ni siquiera la curiosidad me atrapaba, nada me importaba, solo quería correr, escapar y desaparecer de aquel sujeto. – hace algunas semanas obtuve una serie de documentos en extremo delicados, provenientes de altos niveles del gobierno cubano. En estos documentos aparecen implicados, -por mencionar algunos de los tantos artistas que se vinculan-, Jose Angel Vincech, Kcho, Sandra Ceballos, Carlos Garaicoa, Tania Brugueras, Wilfredo Prieto, Roberto Fabelo y otros artistas y personalidades de la cultura cubana. También se encuentran implicadas directamente, instituciones culturales y políticas de prestigio, tanto cubanas como norteamericanas, así como curadores, coleccionistas, galeristas y presidentes de instituciones de prestigio de España, Cuba y los Estados Unidos – Absorber tanta expresividad en tan poco tiempo resultó una sensación incomoda, como si arrastraran un piano interrumpiendo siestas, esos apellidos me descubrían sujetos inesperados uno detrás del otro al ritmo de las imágenes a 24 por segundo que con tanto placer había incorporado a mis reflejos cotidianamente en los últimos tiempos. Me hizo pensar que, uno nunca escapa. No es tan fácil, el pasado reaparece sin compasión. No miramos atrás con frecuencia, pero, ahí están! Paraditos en fila india caminando con nosotros allí donde vamos.
– Sé de tu relación con muchos artistas que están vinculados en estos documentos, estuvimos al tanto de lo de Sandra hace algunos días, por último sé que el contenido de estos documentos traerían un conflicto definitivo en el ámbito de la plástica cubana contemporánea -y tu al igual que yo-, hemos trabajado mucho para que esto sea así. Otra razón-para haber contactado contigo, tiene que ver con la distancia, no estoy en Cuba, pero donde estoy, estos documentos no son de mucha importancia.– Me decía nerviosamente sin hacer pausas, a medida que hablaba se le llenaba de espuma la comisura de los labios mientras su temperamento se tornaba aun mas irritado, avanzaba hacia mi con la mirada fija en mis ojos, abalanzándose cada vez mas, poniéndome su mano en mi hombro apretándome hacia abajo. Una conducta delirante de proceder incongruente y sin duda, yo era la persona que él buscaba.
–Pero, que quieres que yo haga con todo eso?– Le dije asombrado, con cierto temor de estar metiéndome en algo que definitivamente se me iba de las manos. —Por razones de convicción, creo que no es el momento para darme a conocer, no hasta saber si podríamos llevar a cabo algún tipo de acuerdo con estos documentos. No quiero darte más detalles de los papeles, también por cuestiones de seguridad, pero te puedo mostrar una lista de todas las instituciones que aparecen implicadas, los artistas, curadores, coleccionistas y funcionarios en su mayorías españoles y norteamericanos -por supuesto todos extremadamente conocidos-. El objetivo número uno es vender los documentos, es en este sentido que te pido me des alguna orientación o si quieres, podrías participar de esto, una vez lleguemos a algo con relación a esta supuesta venta, estoy dispuesto a revelarte mi identidad y explicar la forma en que llegaron a mí estos documentos. Provienen de los archivos secretos del MININT.
Al escuchar esa ultima palabra sentí como si revolotearan cucarachas dentro de mi cabeza, ya había pasado mas de una hora desde que el intruso se cruzara en mi camino y yo no salía de mi asombro. Con el disimulo, me acerque a la barra como si fuera a pedir otro trago, desvié mi camino y en unos pasos estaba en la calle sin que el carníbaro se diera cuenta. Hyo, una de las camareras del Sappho se había percatado del disturbio, estaba parada en la acera buscándome y al verme hizo señales. Corrí hacia ella y le pedí que me dejara subir a su casa. Ella vivía con otros catorce paisanos en una discreta vivienda justo encima del café. Yo había estado allí antes celebrando ciertos festivales con las amigas de Hyo, pero, no me agradaba el lugar que siempre olía a mariscos, las escamas estaban pegadas por todos lados, ellos limpiaban los pescados en el lavabo del baño y luego terminaban comiéndose hasta las espinas mientras desandaban por el apartamento salpicando a su paso con los pedazos de comida cruda en las manos. Entre el olor y el barniz natural acumulado por la ausencia de limpieza, aquel sitio solo era soportable acompañado de un taladro jamaiquino y las tersas pieles que allí pululaban.
Hyo subió conmigo y en un par de minutos le hice el cuento mientras ella abría los ojos, levantando las cejas repitiendo en su lengua natal, –diablillo, diablillo, diablillo…–, mientras me preparaba un camastro. Apurada, antes de correr escaleras abajo a atender a sus clientes me introdujo a Hiah y Sang Hee, dos primas recién llegadas, como eran ilegales pasaban el tiempo encerradas en casa mientras los otros doce inquilinos trabajaban en la calle.
Me alejé de la ventana, no quería ni por casualidad que el individuo perturbador descubriera mi escondite, solo pensar en volver a ver su rostro me provocaba el rictus. Me acosté boca arriba sobre una tabla cubierta con una toalla amarillenta, que se apoyaba del marco de una ventana a un pequeño refrigerador y allí permanecí por una hora meditando, mientras escuchaba el tenue sonido de la TV que transmitía en vivo desde Corea del Norte un programa didáctico infantil.
Empezó a oscurecer, ya eran las cinco de la tarde y muy pronto comenzaría la arribazón de jiniguanos al reducido apartamento. Todavía no había articulado palabra con ninguna de las dos chicas, que en postura de penitencia miraban TV disciplinadamente. Me senté en la tabla y las contemple, ellas permanecieron inmutables ante mis movimientos. Hiah tenia el pelo corto, picoteado, teñido de verde y gris, llevaba una camisa de Elmo el de Sesame Street, una faldita corta, negra y un delantal de cuadritos rojos y blancos. Sang Hee era muy delgada, vestía un mono blanco de Kevlar con un logo de CASTROL en la solapa. Inanimadas, pasivas las dos.
Me levante cuidadosamente, aparté un plástico que usaban como cortina y permanecí por unos minutos observando tranquilamente. La acera del frente estaba despejada podía ver ambas esquinas, inusitadamente la calle estaba mas bien solitaria y aunque no tenia vista a la acera del edificio, podía fijarme a trabes de los reflejos de los cristales de las tiendas y cafés de enfrente, que todo estaba bajo control. Ni rastros del satélite furibundo.
Exhalé instintivamente en un suspiro que se hizo presente en la habitación, al regresar mi atención al interior me percate que Hiah estaba parada muy cerca de mi, en la otra ventana. Pude verla de pie por primera vez, de perfil, su discreto culito empinaba la faldita, sus bíceps eran muy finos, los brazos colgaban suavemente desde sus hombros como cintas de envolver regalos, hierática, hermética. Me acerque cuidadosamente, ella hizo una especie de reverencia retrocediendo, dejándome el puesto en el observatorio a lo que yo reaccioné tomándola por su lánguida cinturita, impidiendo la sutil retirada y le hice el primer disparo en ingles. — Stay here, do not go. You’re bored?– Me susurró algo en una indescifrable jerigonza y asumí que teníamos serios problemas de comunicación. Me fije en su diminuta boquita, un pequeño durazno partido en dos, no levantaba su vista, era algo mas que timidez y sus movimientos recordaban la parcimonia de un perezoso. Le señalé hacia afuera con mi dedo índice, observó fijamente el cielo de aquel extraño atardecer, denso y flemático. Contemplamos juntos por unos largos minutos, pasó una V de aves migratorias, ella me miro a los ojos sonriendo. Suficiente para activar mi libido exacerbado por el canabbis, el cosquilleo de la sangre llenando las cavidades de la pinga me provocaron una obvia erección. Seguimos observando el cielo en silencio, dejé caer mi mano desde su cintura hasta sobrepasar el borde de su falda, recorrí el costado de uno de sus mulos, allí me detuve moviendo suavemente mi mano manoseando gradualmente otras partes de su cuerpo. Ella disfrutaba algo mas que la contemplación. Me recosté hacia delante, embistiendo mi turgencia por detrás dejando caer el peso de mi cuerpo, pasé mi otra mano por delante y toque un pubis liso como su cara, sedoso.
Sang Hee continuaba sentada frente a la TV pretendiendo atender a un chef que preparaba cangrejos crudos con noodles de soya, se había bajado la cremallera del overall y acariciaba lentamente sus pezones. De vez en cuando se encrespaba mientras penetraba los dedos en su entrepiernas. La idea de incorporar a Sang Hee en nuestro manoseo me excitó de repente, comencé a desabrocharme el pantalón que como una reacción en cadena se termino de abrir con la tensión del apéndice pecaminoso que salio en posición directa a meterse entre las holgadas pantaletas de hilo y la rajada a medio camino del culito y la vulva. La cabeza del brillante falós salio por delante abriéndose paso por el espacio entre sus muslos, mientras yo la empujaba con mi mano hacia arriba. Hiah me sorprendió con un movimiento preciso y consistente, inclinándose hacia adelante apoyando sus finas manos en la ventana con su cara mirando fuera del edificio. Levantó el culo, abrió sus nalgas y empujo su cuerpo hacia atrás contra el mío dejándose penetrar lánguidamente, mientras balanceaba sus caderas hacia los lados. Fue entonces que me agarré de su cintura y le di lo que se conoce vulgarmente como cabilla por mas de media hora.
La brisa fría del ocaso descubrió las cortinas, el cielo se tornaba de un naranja poco habitual para la estación, Sang Hee gemía y se babeaba mientras intercambiaba fluidos entre boca y vagina. Ya había tenido un orgasmo en lo que el chef terminaba el programa, yo sentía prematuros chorros de semen que amenazaban con salirse, a la vez que levantaba el peso del cuerpo de Hiah que se apoyaba en el piso con sus zapatillas de puntas, de cuando en cuando. Su cabeza colgaba por fuera de la ventana, la chica disfrutaba en silencio mientras yo me deleitaba viendo como mi carne rígida se perdía entre su cuerpo. Unos ruidos me desconcentraron. La brisa se convirtió en frío, de repente un par de frases en coreano masculino me hicieron acelerar el ritmo en intuitiva estrategia por terminar el trabajo, la pinga se zarandeó por dentro del cuerpo de Hiah, la levanté del piso con mis manos cargándola por la cintura y arremetí con violentas estocadas terminadas en pausas que hacían latir inconteniblemente la hinchada cabeza del tolete. Sentí pasos escaleras arriba, abrí los ojos y vi el cielo encapotado. Los pasos ya estaban en el descanso de la escalera, sonaba un manojo de llaves. Los brazos y la cabeza de la asiática colgaban inanimados por fuera del edificio y me percate de que algunos transeúntes participaban discretamente de nuestro goce, una de ellas, una voluptuosa europea que pasaba su lengua por sus labios en gesto libidinoso. Mas ruidos en la puerta y vino una gran clavada, Hiah gimió por primera vez y me saco el primer chorro de leche que le provocó otro gemido al sentirlo rebotar en su interior. Las llaves se trababan en la cerradura, la puerta no se abría, Sang Hee olvidó abrir el cerrojo que previamente cerrara antes de empezar a masturbarse. Ya casi sin control de mis acciones me empezaron a temblar los músculos de mis piernas, en lo que sentía un torrente atravesando de adentro hacia fuera. En un descuido pasé mi vista por la acera del frente y me detuve en una mirada. Era el individuo. En una última clavada, llenaba de leche la frágil criatura mientras permanecía inmóvil dejando salir el interminable chorro al tiempo que miraba fijamente el rostro del cubano furibundo.
Sang Hee se había acotejado la ropa y ya estaba a dos pasos de abrirle al tártaro forajido que forzaba la caradura, agarre a Hiah en la misma posición, clavada todavía y nos sentamos frente al TV que transmitía en vivo otra aparición de Kim Yon Il. La puerta se abrió y entró uno de los inquilinos seguido por cuatro mas que rezongaban desordenadamente al mismo tiempo increpando a la desconsolada cómplice que los dejaba entrar, sin que se percataran de nuestra descomposición. Se perdieron pasillo adentro y se hizo la calma, solo se escuchaba el sonido de otro noticiero coreano en la TV del cuarto contiguo.
Sostenía a Hiah sobre mis piernas, que se había dormido con la pinga adentro, la acomode suavemente sobre el sofá de la sala, la cubrí con un saco de harina de trigo, me arreglé la ropa y salí del departamento, impávido, sin decir palabra. Desaparecí por las escaleras estudiando el sonido de mis zapatos en los viejos escalones de madera, salí al callejón del fondo, entré al Sappho por la puerta de atrás y pedí un capuchino. Hyo conociendo mis debilidades, sonreía suspicazmente diciéndome, –diablillo, diablillo, diablillo –, mientras me servía la infusión.
Estiré mis piernas, estudiando la espuma antes de convertir el exquisito estimulante en cortadito y levanté mi vista intuitivamente. Sin sorprenderme, advertí la presencia del individuo pavoroso sentado en la misma mesa de la entrada, ésta vez con algunos papeles en sus manos. Le hice una seña para que se sentara en mi mesa. –Ven, te invito a un café, disculpa que no pude terminar de escucharte; ya sabes como es eso? Uno es hombre y tiene que resolver las cosas cuando se le presentan –. Le dije, ésta vez, prestándole atención. Al parecer, tenia cosas importantes que decirme o documentos que mostrarme y comencé sentir cierta curiosidad.
— Compañero, necesito su ayuda urgente. El representante de la Contrainteligencia contactó a Abel Prieto Jiménez, Ministro de Cultura, trasladándole la información referida a la inauguración de exposiciones alternativas, indicandole a Alejandro Rojas Blaquier, Presidente del Consejo Nacional de Artes Plásticas y a Antonio Piñera, Director de la Galería “Acacia”, que visiten a dichos artistas, valoren las muestras y los aconsejen a desestimar esta acción. Asimismo la activista contestataria, Sandra Ceballos Obaya, se encuentra promoviendo, a través del correo electrónico de “Cubarte”, la inauguración el 30.03.06 de una exposición en su espacio alternativo titulado: “Un muro mejor es posible”, el cual consiste en tres muros contentivos de consignas revolucionarias, lo que contrasta con el título de la exposición. En otro orden se conoce que José Angel Vinceh Echevarria, artista plástico con antecedentes negativos, pretende inaugurar el 29.03.06, a las 17:00 hrs., en su domicilio, una exposición personal titulada “Social y Religioso” para la que convoca la presencia de Alberto Virella Gómez, agregado cultural español, funcionarios de la SINA y todos los plásticos financiados y/o vinculados a dichas sedes diplomáticas, entre otros destacados artistas nacionales como: Andrea Broulliett Rodríguez (segunda secretaria de cultura y prensa de la SINA), Alexis Leyva (Kcho) (artista plástico), Alexander Gryschuk, (jefe de la estación local de la CIA), Michael Parmly, (Jefe de la SINA), John Wallace Bird, (Jefe de Seguridad de la SINA) y su esposa Michelle Bird, (Segunda jefa del área de recursos humanos de la SINA), Magda Ileana González Mora, (curadora y promotora cultural Free Lance), Juana Montalvo, (directivo de la Sherry en Cuban), Alberto Virella Gómez (agregado cultural y cooperación de la embajada de España en Cuba), Michael Konor (Fotógrafo norteamericano), Benigno Rodríguez (quien funge como galerista y directivo de la Fundación de Cuban Arts Found en los EE.UU, con antecedentes de ASE y vinculo de la Rockefeller Foundation), Miembros de la familia Freyre, Luly Duke (Presidente de la Fundación Amistad), Tania Brugueras Fernández (artista plástica), Pamela Ruiz, Rubén del Valle Lantaron, (ex-Director del Centro Wilfredo Lam y actual director del Consejo Nacional de las Arte Plásticas de Cuba), Josefina Menocal (Galerista mexicana de ascendencia cubana), Alejandro Rojas Blaquier (ex presidente del Consejo Nacional de las Artes Plástica), Maria de Lourdes Duke Fundación de ayuda a la Sociedad Civil Cubana, Andrea Brouillette, 2da Secretaria de Cultura y Prensa de la SINA, Carlos Alonso Zaldívar (Embajador de España en Cuba), Jean Marie Pagnier, (embajadora de Francia), Jean Nouvel (arquitecto francés), Eusebio Leal Spengler (Historiador de la Ciudad), José Angel Vinceh Echevarria (artista plástico), Sandra Ceballos Obaya (artista plástica), Wilfredo Prieto (artista plástico), Sandra Ramos Lorenzo (artista plástica), Gerardo Mosquera Hernández (crítico de arte), Abel Prieto Jiménez, (Ministro de Cultura), Antonio Piñera, (Director de la Galería Acacia), Holly Block, Michael Connor, Antonhy Ranssola, Carlos Garaicoa Manso (artista plástico), Glenda León (artista plástica), José Angel Toirac Batista (artista plástico), UNEAC (unión de escritores y artistas cubanos), Casa de las Américas, Embajada de España en Cuba, Jardi Colomer, Bárbaro Marín, Xavier Darthuy (agregado cultural francés), Gilbert Brownston, (Presidente de la Fundación Brownston), Agustín Bejarano Fernández (artista plstico), Antoni Miralda (Artista plástico español), Sigfredo Ariel Pérez, Antonio José Ponte Mirabal, Myriam Castillo Arturo Montoto (artista plástico), Fabiola Ortiz, Sandor González, Flora Fong su hijo Lee Fong (artistas plásticos), Abel Barroso, Annita Kheller, Desiderio Navarro Pérez, José Luis Brea, Spencer Tunick Fotógrafo norteamericano, Roberto Fabelo, Vicky Ryan Lobo, Antonio José Ponte Mirabal, Flabio Garciandia, Antonio García de Rayo, José Luis Brea, Lourdes Benigne
Liberto Henríquez De Lure
Ámsterdam, Diciembre 2008.
Imagen cortesía de:Fotos Desde Cuba.
